domingo, octubre 02, 2005

Yo Acuso

Acribillados y muertos en un mitin popular
Tlatelolco, Plaza de las Tres Culturas
De pie, la muerte impera en el imperio mexicano
Hay reos de genocidio

Llevo conmigo la batalla de 629 jóvenes que habian cesado de resucitar.

Mis muñecas se doblan murientes en la trinchera de sus gestos.

Llevo conmigo los cuerpos infantiles rotos contra las valdosas y que ha regresado el viento.

La sangre de sus cuerpos rotos contra las valdosas, que el que sabe del sabor del crimen no ha podido hunidir en la porosidad de la sal.

Tlatelolco pisotea la frente y degolla la cabeza que estremece los gritos.

Yo acuso...
Yo acuso a las miras exactas, idotas de nacimiento tratando de tomar el partido de perdonar a la naturaleza vomitando vivamente su profecia de antropofágia.

Yo acuso a los muros que equivocaron el futuro y fueron la agonía, haciendo nupcias entra luz petrea del obus y las espaldas rodeadas de carne adolescente.

Yo acuso al cemento donde se cumplieron las puertas de la muerte boca abajo y a las azoteas, panteones de enterrados vivos y a bramidos de ciervos.

Yo acuso a la fosa común y a los incineradores y a la piedad sobre los ojos.

Yo acuso al hoyo como un lobo sobre la esperanza y siempre solo en busca de su imagen completa.

Yo acuso al 2 de octubre que quizo ser 2 de noviembre mexicano.

Yo acuso a las paginas de los diarios, vaya un carcelero para despedir el recuerdo largo, terrible y arreglar la época de nuevo.

Yo acuso a los planos sobre el escritorio y al ruido de la silla ejecutiva, atornillada a la emboscada y a la desesperanza.

Yo acuso al edificio seco de piedra donde se renueva la palabra legal y el último pensamiento y el grito que dijo "el responsable soy yo" y la garganta y la lengua y la pareja que lo engendra y lo hizo posible.

Yo acuso a la lista de desaparecidos, a los proyectiles, a los vehiculos, a los frigoríficos, a los heridos con su carga, al campo que custodia la paz convertido en campo de concentración 68.

Yo acuso a mi país por no lanzar sus cuerpos como cuchillos afilados y acometer como mariposas heridas por las calles.

/*Texto de Leopoldo Ayala*/